miércoles, 5 de agosto de 2015

Nicolás

Qué estupidez escribir solo cuando estoy triste.
Qué bien no haber escrito desde hace 8 meses.
Qué desgracia estar frente a este folio en blanco.

Vengo a contar lo que la fuerza y la esperanza ciega.
Yo, que me pienso tan real y coherente...
Me he pasado 11 días abstraída en un super mundo de confianza y positividad.
"Justificado" por solucionar o no reconocer una situación fatal.

Ahora la inconsciencia me abruma.
A ratos quiero pensar que es mejor así,

Le contaba hasta lo que menos le interesaba y nunca olvidaré sus ojos asintiendo.
Ya casi sin poder hablar.
Mientras que hacía unas pocas semanas nos robábamos el turno de palabra.
Y yo sin darle importancia.
Diciendo que mejoraba un poco cada día...

Nunca perdió su moreno de playa natural.
Su voz fuerte y su cabezonería.
Su simpatía por sacar un chascarrido a cualquiera que pasase.
Preocupado e interesado por todos.
En su tanatorio, por un rato solo faltaba él y un chato de vino.

Me regaló mi primer albúm de cromos, de la bella y la bestia, si.
Y me echó la última bronca para que buscase un trabajo mejor.
Fue quién más confió en mí para prestarme su coche al día siguiente de aprobar.
Era incondicional y era mutuo.

Nadie lo esperábamos.
Todo el mundo se asombra y dice que les estamos engañando.
Yo ahora sé que él sí lo sabía
Y no soy capaz de pensar con claridad si es lo mejor o lo peor.